Consejos de Bardo: Los Escenarios

Algunos escritores (y no siempre noveles) cometen el error de pensar que como los relatos no son un medio “visual” de contar una historia, no importa si se descuida el decorado. Craso error. La idea que nos ha nacido en la cabeza, sobre la que nos hemos estado documentando y que queremos llevar a palabras, debe ocurrir en algún lugar, y si conseguimos que éste sea un sitio vivo y creíble, nuestra historia ganará muchos puntos.

Trabaja los escenarios con tanto mimo y detalle como lo harías con el protagonista de la historia (ya llegaremos a eso). Cuando tus personajes viajen por una región desconocida, haz que no sea un “bosque genérico” o “una montaña genérica”, sin personalidad. Los bosques tienen claros, cañadas, árboles centenarios, cerros y lomas, prados, plantas exóticas, animales que se asustan ante la presencia de viajeros o huellas entre la hojarasca. Las montañas tienen quebradas, cañones, precipicios, arbustos bajos y espinosos, neveros, pedrizas, glaciares, cabras monteses a lo lejos y nieblas matutinas o vespertinas. Como con tantas otras cosas, puedes ayudarte documentándote con fotos de lugares reales que se asemejen a lo que tienes en mente (o incluso situar la acción en esos paisajes del mundo real). Saca fotos de sitios que visites y te llamen la atención: todo buen escritor tiene un archivo de material fotográfico.

Por supuesto, no tienes que limitarte a parajes “ordinarios”, sobre todo en el género en el que nos estamos moviendo. Si quieres un escenario fantástico, no te limites a convenciones habituales (decir que es “una casa encantada” y poco más no basta). Da detalles que lo distingan de todo lo demás. La Ciénaga de los Muertos de Tolkien, en “El Señor de los Anillos”, fue un antiguo campo de batalla donde todavía vagan las almas sin descanso, intentando atraer a los incautos hacia sus profundidades. En “La Historia Interminable”, de Michael Ende, se describe la Mina de Yor, un lugar donde yacen enterrados todos los sueños olvidados por los hombres. En resumen: ofrece algo especial al lector. No importa si recurres a ideas tradicionales (al fin y al cabo, a un montón de personas nos siguen gustando las historias de casas encantadas) pero siempre con tu propio giro de tuerca.

Un escenario tiene que ser un personaje más de la narración. El lector debe sentir que “está ahí” y que la historia habría sido distinta si el decorado hubiese sido otro. Si consigues que tus escenarios sean únicos e interesantes, tus relatos también lo serán.

 

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