Consejos de Bardo: Los personajes (I)

Los personajes son una parte fundamental de la historia. Sin ellos, solo tendríamos un decorado vacío, en el que no sucede nada a nadie. Por lo tanto, vamos a tener que trabajarlos bien para que nuestro relato quede interesante. Y para verlos con más detalle, dividiremos esta sección en tres capítulos: los protagonistas, los extras y los villanos.

Toda historia tiene uno o más protagonistas. Destacan por encima de los demás personajes por ser en los que se centra la acción o el drama, y son muchas veces el hilo conductor del relato. En algunas ocasiones, como en la novela de Helman Melville “Moby Dick”, son los que narran los hechos en primera persona. Salvo algunas excepciones, van a tener un foco apuntando sobre ellos continuamente, y por eso tendremos que crear protagonistas que enganchen a nuestros lectores.

La clave – y esto vale para también para los secundarios – es no usar personajes planos. Un personaje es “plano” cuando después de leer dos líneas ya lo sabes todo sobre él, porque toda su forma de ser se puede resumir en un par de aspectos. No señores: si examinamos a los protagonistas de las grandes narraciones, veremos que tienen muchas capas, que son personas ricas en matices y que nos sorprenden muchas veces cuando ya creíamos conocerlo todo de ellos. Aquí van unas cuantas características más o menos comunes que tú también puedes emplear en tus protagonistas:

* Nadie es completamente bueno: evita personajes que sean impolutos, que nunca se equivoquen y que parezcan tener una bandera ondeando de fondo cada vez que hablan. Hasta el más grande la ha pifiado alguna vez. Heracles (o Hércules) mató a su esposa e hijos en un rapto de ira (también a su profesor de lira en su juventud) lo cual lo impulsó a sus famosas doce pruebas como un acto de penitencia. El lector es humano y todos los humanos fallan alguna vez. Si quieres que lector y protagonista se identifiquen, este último no debe ser una especie de dios infalible.

* Hazlo especial: algo tiene que diferenciar al protagonista de los demás, porque si no, sería un simple “extra”. Esta diferencia puede estar en alguna clase de poder que lo aparta del resto, o simplemente que el azar lo ha escogido para ser el centro de hechos insólitos, como ocurre con Bilbo Bolsón en “El Hobbit”.

* Decisiones difíciles: ser el protagonista no debe ser un camino de rosas. Si todo le sale a pedir de boca al “bueno de la película”, los lectores no tardan en aburrirse, porque la historia se vuelve predecible. Hay que poner al protagonista contra las cuerdas, física, psicológica y/o moralmente, si quieres tener al público en vilo y demostrar de qué pasta está hecho el héroe o heroína. ¿Por qué es todo un momentazo cuando Darth Vader dice “Luke, yo soy tu padre”? Porque con esas cinco palabras, el mundo del protagonista se vuelve patas arriba: el enemigo odiado a muerte se convierte en la persona más cercana y la respuesta a un enigma del pasado, y en la cabeza del pobre Luke casi podemos ver la pregunta “¿Y ahora qué?”.

* Todo cambia: si quieres un protagonista interesante y creíble de verdad, debe sufrir una transformación a lo largo del relato. Los hechos deben dejar alguna huella en él. Si al final de la historia tenemos a la misma persona, es que los hechos han sido tan importantes como bajar a comprar el pan. Ese cambio puede ser para bien o para mal, pero tendría que estar ahí. Volviendo al ejemplo de “El Hobbit”, está claro que el Bilbo con el que se inicia la historia no es el mismo Bilbo que regresa tras tantas aventuras (no diremos nada por no destripar a los que quieran ver la película y no conozcan la historia).

Estos son solo algunos de los matices que puedes incluir para tener protagonistas dignos de los mejores relatos. Fíjate en ejemplos de tus películas y libros favoritos, y no tengas miedo a innovar y probar personajes originales. Créales un pasado interesante o enigmático, describe al detalle su apariencia física, dales manías o peculiaridades que los distingan de otros muchos…  En definitiva, piensa en la clase de persona de la cual, cuando termine la historia, te gustaría seguir leyendo.

 

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