Consejos de Bardo: Los Personajes (II)

En la entrada anterior de los Consejos de Bardo hablamos de los protagonistas. Hoy vamos a ver cómo introducir buenos “extras” en nuestros relatos.

Los “extras” o secundarios son un elemento habitual en cualquier película o relato. Llamarlos de cualquiera de estas dos maneras puede inducir a pensar que no son importantes, pero nada más lejos de la realidad. En primer lugar, a menos que la acción transcurra de forma que el protagonista esté completamente solo, siempre habrá “otras personas” con las que interactuará. Sin los extras, el mundo de nuestro relato sería un mundo vacío. En segundo lugar, unos buenos extras consiguen que la historia sea más creíble y esté mejor construida. Nada estropea más la atmósfera de una batalla en una película que unos extras que se limitan a menear las espadas y ponen poses ridículas a la hora de morir, o descubrir que alguno de los orcos lleva reloj y zapatillas deportivas.

La regla de oro es que los extras son personas tan reales y completas como el héroe. La única diferencia es que el curso de la historia no gira en torno a ellos. Ese posadero que recibe a nuestro cansado protagonista tiene su vida, sus ambiciones, su punto de vista sobre el mundo, y eso se tiene que traslucir en su forma de hablar y de comportarse. Piensa en su familia, sus antecedentes, cómo llegó hasta donde ahora está. Incluso si alguna de esas cosas no llegan a aparecer en el relato y el lector no las llegue a conocer nunca, es bueno que tú sí las tengas en mente, para describir a los secundarios como personas reales. Lógicamente, no tendremos que trabajar en cada secundario tanto como lo hicimos con el héroe, pero casi.

Ojo, piensa que también hay extras y extras. Los hay que apenas aparecen unos segundos y destacan tanto como una silla del decorado (aún así, debe ser una silla coherente con lo que la rodea) pero también hay secundarios muy importantes, que pueden incluso eclipsar al héroe en algunas partes de la historia. Cogiendo de nuevo la historia de “El Hobbit” como ejemplo, está claro que Bilbo Bolsón es el protagonista, pero Gollum es un secundario con tanta fuerza y personalidad que atrae todos los focos sobre él (metafóricamente hablando).

Así que no lo olvides: los extras deben ser tan creíbles y consistentes como el resto de los elementos de la historia. Algunos pueden llegar a compartir protagonismo con el héroe, y otros… otros pueden llegar a oponerse a él. Pero de esos hablaremos en la siguiente entrada de “Consejos de Bardo”.

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