Consejos de Bardo: Los Personajes (III)

En las dos entradas anteriores de los Consejos de Bardo hablamos de los héroes y los extras. Hoy vamos a ocuparnos de los que posiblemente sean los más jugosos, entretenidos y, por qué no admitirlo, admirados de todos: los villanos.

Alguien dijo alguna vez que la talla de un héroe se mide por los oponentes a los que se enfrenta ¡Qué gran verdad! ¿Cómo íbamos a saber lo poderoso que es Gandalf si no lo hubiésemos visto plantado frente al Balrog de Moria? Los villanos están ahí para hacerle al héroe la vida imposible y ponerle las cosas difíciles, y demostrarnos con la (normalmente) victoria final del héroe que todos los obstáculos son superables, no importa lo enormes que parezcan.

Si piensas en tus libros o películas de aventuras favoritos, te darás cuenta de que la mayoría se recuerdan por los “malos” ¿Quién ganaría en una encuesta de popularidad, Luke Skywalker o Darth Vader? ¿Drácula o Jonathan Harker? Introducir un buen antagonista para nuestro héroe es una clave del éxito, pero ¿cómo puedo hacer que mi villano sea carismático y memorable? El truco básico es que estos personajes deben tocar al lector, no con una apariencia impresionante (que también ayuda), sino a través de emociones. Vamos a ver algunos consejos haciendo un repaso a una necesariamente breve galería de villanos famosos. Algunos de ellos no pertenecen al ámbito de la fantasía épica, pero los hemos incluido por dos motivos: sus características pueden extrapolarse a cualquier género literario, y ningún muestrario de malosos estaría completo sin ellos (en nuestra humilde opinión). Así pues, ¿cuáles son las emociones a tener en cuenta para construir los mejores villanos?

La impotencia: no la del villano, claro, sino la que sienten los demás frente a él. Piensa en el clásico matón de patio de colegio, que se mete con todos y muy pocos se atreven a hacerle frente porque es más grande, más fuerte o tiene una pandilla detrás que lo secunda. Ante alguien así, el sentimiento habitual es de rabia, y pensar “Ojalá pudiese darle su merecido, pero no puedo”. Un buen ejemplo es Galbatórix, de la saga de Eragon. Durante todo el libro, Galbatórix aparece como un tirano invencible, más fuerte, más astuto, más longevo y más poderoso que cualquier hombre vivo. Al lector, identificado con el protagonista, le dan ganas de acabar con él, pero no se le ocurre cómo puede suceder tal cosa.

La crueldad: los malos de opereta roban bancos o quieren dominar un país (o un reino). Los malos de verdad traspasan los límites y hacen cosas realmente canallas, muchas veces por el solo placer de hacerlas. Torturan, disfrutan causando dolor y carecen de todo escrúpulo. Nadie se nos hace más odioso que el que pervierte lo inocente y se ceba con aquellos que no pueden defenderse. El asesino Artemis Entreri de los relatos de R.A. Salvatore es una buena muestra de tipo cruel e insensible.

La locura: la locura en un villano es peligrosa, sobre todo si se mezcla con otras emociones negativas. Convierte al villano en algo impredecible, que no se atiene a ninguna regla y que ni siente empatía ni permite que nosotros nos pongamos en su lugar. ¿Cómo no mencionar a la némesis de Batman, el Joker, capaz de matar por capricho sin que le tiemble el pulso? ¿Cómo puede nadie imaginar cuáles serán las acciones de un monstruo así?

La manipulación: a nadie, absolutamente nadie, le gusta que lo manipulen. Cuando nos enteramos de que hemos sido utilizados, nos sentimos mal con nosotros mismos, y rencorosos hacia el intrigante. Un villano astuto, traicionero, hipócrita y engañoso conseguirá ser odiado por el lector con una velocidad pasmosa, porque la manipulación es una de las emociones que más fácilmente nos tocan. Ahí tenemos al embaucador dios Loki, de las leyendas nórdicas, o, saliéndonos de la literatura épica, Milady de Winter, de “Los tres mosqueteros”.

El honor: ¿qué hace esta palabra en un artículo sobre villanos? ¿No se supone que son todos el peor hatajo de canallas que pueda uno echarse en cara? Pues no necesariamente. De hecho, algunos de los más grandes contrincantes de los héroes son hombres (o mujeres) de palabra,  impulsados por motivos que nos pueden parecer justos; lo que no nos parece tan bien es la forma en que los persiguen. Aquí es obligatorio mencionar al que en opinión de muchos es el mejor villano del universo de cómics Marvel: el Doctor Muerte. Víctor Von Muerte es un hombre formidable que ha conseguido el poder a base de esfuerzo, un genio en muchas áreas de la ciencia y la mística y un estratega implacable, que cree firmemente que el mundo sería un lugar más justo y mejor si lo gobernase él. Y es un hombre de palabra, que respeta a los adversarios que demuestran ser dignos. El honor en un villano hace que el lector se identifique con él e incluso llegue a admirarlo, y piense en el fondo “Si tan solo ese tipo no fuese tan malvado…”

Es posible que se te ocurran más ejemplos. Cada lector puede tener una emoción concreta que le toca muy de cerca. Por supuesto, nada impide mezclar varios de estos rasgos en una sola persona, pero la clave está, como hemos dicho en entradas anteriores, en hacer las cosas de manera verosímil. No basta con decir que el malo de nuestra historia es cruel, manipulador y está para que lo encierren en una celda acolchada. Este tipo de descripciones no le tienen que llegar al lector a través de palabras, sino con actos, con hechos. Deja que piense que ese personaje que acabas de describir físicamente es un buen tipo, y luego narra cómo ese “buen tipo” degüella a un anciano a sangre fría simplemente porque se ha tropezado con él. El lector no solo se quedará sorprendido, sino que se hará una mejor idea de qué clase de escoria es en realidad y se preguntará qué grados de maldad será todavía capaz de cometer.

 

 

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