El Rincón del Escriba

“Alas de Fuego”, de la autora Laura Gallego García, es la historia del ángel Ahriel, encargada de la protección y educación de una reina con el objeto de mantener la paz entre los reinos. Pero las cosas no son tan sencillas, las buenas intenciones se tuercen y la traición puede echar raíces en los lugares más inesperados. Ahriel se ve desterrada a la desolada prisión de Gorlian, donde todo en lo que siempre ha creído se verá sometido a la más dura de las pruebas…

 

Alas de fuego

 

Es una historia sencilla y amena (creo que tiene una continuación llamada “Alas Negras”), sin grandes pretensiones épicas ni la complejidad de un “Juego de Tronos”, pero que destaca a la hora de mostrar la evolución de la protagonista, algo que mencionamos en su momento en nuestros Consejos de Bardo, como un detalle muy importante para crear héroes interesantes. Merece ser leído.

 

Consejos de Bardo: Los tópicos

Llegamos a un tema polémico y difícil: los tópicos. Lo que se puede decir de ellos es: ¡evítalos!, evítalos todo lo que puedas. Y, cuando ya tengas experiencia escribiendo, aprende a usarlos.

Es un poco como el estilo de Kung-Fu del Mono Borracho: los profanos que lo ven en acción creen que es fácil hacer ese montón de movimientos erráticos y sin sentido aparente, pero hace falta una enorme maestría y una larga práctica para poder hacerlos con efectividad.

¿A qué viene este revuelo? Pues bien, los tópicos son, por definición, esos temas, personajes, lugares y descripciones que se han repetido ya un montón de veces. El bárbaro rudo que siente desconfianza hacia la magia, el brujo delgado, reseco y solitario, el tirano sentado omnipotente sobre su trono, el castillo en ruinas rodeado por un fétido pantano… Todos ellos tienen una ventaja, y es que el lector captura pronto la esencia del personaje o del lugar. Pero también tienen una desventaja, y es que el lector captura demasiado pronto la esencia del personaje o del lugar. Ya lo ha visto antes. Es “otro brujo”, “otro bárbaro”, “otro castillo en ruinas” más.

Esto no es bueno. Saber las cosas por adelantado quita emoción. Los protagonistas se vuelven predecibles. No sirve de nada decir que el bárbaro es rubio en lugar de moreno. Es la misma película con otros protagonistas. Y cuando el lector está convencido de que sabe qué va a pasar, la narración pierde puntos. Por eso, EVITA LOS TÓPICOS todo lo que puedas. Si te ves obligado a utilizarlos, dales toda la personalidad propia que puedas. Cuando uno lee sobre Gandalf por primera vez, puede pensar que es “otro mago de larga barba blanca más”, pero Tolkien consigue darle una historia, un carácter y un toque muy especial, que hacen de él un personaje inolvidable. Repetimos, evítalos siempre que puedas.

Pero, y atención porque ahora viene la parte interesante, los tópicos tienen otra ventaja: el lector cree que captura demasiado pronto la esencia del personaje o del lugar. Utilizados con inteligencia, los tópicos pueden ser una herramienta sorprendente y tremendamente útil. Nada impacta más que dar una vuelta de tuerca a lo que todo el mundo cree que conoce a fondo. Usado inteligentemente, este recurso literario resulta demoledor. Quien lee por primera vez sobre Elric, de Michael Moorcock, puede pensar que se trata de “otro héroe con espada superpoderosa más”. Pero ¿y si la espada no es una Excalibur como otras cien, sino un implacable demonio que se alimenta de las almas de aquellos a los que mata y que crea a su portador una dependencia como la de un drogadicto hacia su droga? Tampoco podemos dejar de mencionar a otro autor genial – ¡aunque en una línea muy distinta a Moorcock! – que ha sabido aprovecharse de los tópicos. Terry Pratchet sabe parodiar todos esos convencionalismos de la literatura fantástica: magos de largas barbas (que se comportan más como burócratas que como hechiceros), bárbaros legendarios con espadas y ropas de cuero (que están ya octogenarios), guardias de la ciudad no particularmente eficaces (que se esconden en los soportales para fumarse un pitillo), y así muchos más. Es como hacer los tópicos tan tópicos que resulten risibles.

 ¿Entiendes ahora? Evita los tópicos hasta que sepas cómo usarlos. Muchos se creen que saben hacerlo, solo para acabar dando personajes y situaciones que parecen hechos en serie junto a dos mil más. A veces es inevitable que se nos escape alguno, pero hay que mantenerlos al mínimo. Y cuando sepas cómo darle la vuelta a un tópico ¡adelante!

“El Sueño Negro”, Capítulo V

La historia desde el principio

“En otro lugar de Essere, Caromn, hechicero Adivinador de la Torre de Essere, montaba guardia en un callejón oscuro, frente a una sólida puerta de roble.

 Caromn se mesó distraídamente la desordenada y corta barba. Aquella mañana, en sus cámaras privadas de la Torre, había consultado los augurios en las entrañas de un ternero, buscando las claves para resolver la extraña plaga que estaba azotando la ciudad. Tras varias horas de ritual, los Poderes le habían revelado un sitio y un momento, y el Adivinador no había faltado a la cita. Eso había supuesto faltar al cónclave en la Cámara de Topacio, pero los pensamientos de Caromn siempre habían seguido sus propios caminos. Ni siquiera se preocupaba por lo que el resto de los hechiceros preguntaran cuando regresara a la Torre. Ellos podían hablar en torno a sus mesas todo lo que quisieran, mientras Caromn se encontraba en el corazón del enigma, enfrentándose a la pesadilla.

 Las entrañas le habían hablado de aquel callejón frente a la puerta, a la hora en que la luna había ido más allá del cénit. La ciudad dormía inquieta; en todas partes latía el miedo a ser la siguiente víctima de la caprichosa plaga. La mayoría de las pocas personas que permanecían fuera de sus casas pertenecían a la guardia de la ciudad, que custodiaba fuertemente los muelles. Tenían orden de retener a todos aquellos que, poseídos por aquella extraña aflicción, intentara arrojarse al mar. El problema es que después la única alternativa era encerrarlos bajo llave, sin saber qué hacer con ellos. Los dirigentes presionaban a los sabios de la Torre para que encontraran un remedio, pero hasta el momento todos los esfuerzos habían sido infructuosos.

 Caromn no apartaba los ojos de la puerta. No sabía a quién pertenecía, ni si su objetivo era alguien que iba a salir, alguien que iba a entrar o incluso alguien que simplemente fuera a pasar por allí. Los Poderes daban solo la información que ellos consideraban pertinente, pero el Adivino sabía que, aunque confusa, la información siempre era suficiente. Confiaba en los Poderes: en su debido momento, el significado de la visión inspirada por las entrañas se le aparecería claro e indistinto.

 Sin embargo, las horas transcurrieron con una monotonía plomiza. Ni un solo viandante cruzó el callejón. La puerta de roble no se movió. Caromn ni siquiera se dio cuenta de que empezaba a cabecear, cuando las largas horas de trabajo en su cámara de los días anteriores se cobraron su precio, y finalmente se sumió en un duermevela ligero.

 La siguiente vez que Caromn abrió los ojos, estos brillaban con una luz negra y vacía.

 Lenta, espasmódica pero implacablemente, Caromn empezó a caminar en dirección al mar. La guardia de la ciudad, ocupada en controlar otra zona del puerto donde se acumulaban una docena de sonámbulos, no le cerró su camino hacia las profundidades del océano.”