Consejos de Bardo: Los tópicos

Llegamos a un tema polémico y difícil: los tópicos. Lo que se puede decir de ellos es: ¡evítalos!, evítalos todo lo que puedas. Y, cuando ya tengas experiencia escribiendo, aprende a usarlos.

Es un poco como el estilo de Kung-Fu del Mono Borracho: los profanos que lo ven en acción creen que es fácil hacer ese montón de movimientos erráticos y sin sentido aparente, pero hace falta una enorme maestría y una larga práctica para poder hacerlos con efectividad.

¿A qué viene este revuelo? Pues bien, los tópicos son, por definición, esos temas, personajes, lugares y descripciones que se han repetido ya un montón de veces. El bárbaro rudo que siente desconfianza hacia la magia, el brujo delgado, reseco y solitario, el tirano sentado omnipotente sobre su trono, el castillo en ruinas rodeado por un fétido pantano… Todos ellos tienen una ventaja, y es que el lector captura pronto la esencia del personaje o del lugar. Pero también tienen una desventaja, y es que el lector captura demasiado pronto la esencia del personaje o del lugar. Ya lo ha visto antes. Es “otro brujo”, “otro bárbaro”, “otro castillo en ruinas” más.

Esto no es bueno. Saber las cosas por adelantado quita emoción. Los protagonistas se vuelven predecibles. No sirve de nada decir que el bárbaro es rubio en lugar de moreno. Es la misma película con otros protagonistas. Y cuando el lector está convencido de que sabe qué va a pasar, la narración pierde puntos. Por eso, EVITA LOS TÓPICOS todo lo que puedas. Si te ves obligado a utilizarlos, dales toda la personalidad propia que puedas. Cuando uno lee sobre Gandalf por primera vez, puede pensar que es “otro mago de larga barba blanca más”, pero Tolkien consigue darle una historia, un carácter y un toque muy especial, que hacen de él un personaje inolvidable. Repetimos, evítalos siempre que puedas.

Pero, y atención porque ahora viene la parte interesante, los tópicos tienen otra ventaja: el lector cree que captura demasiado pronto la esencia del personaje o del lugar. Utilizados con inteligencia, los tópicos pueden ser una herramienta sorprendente y tremendamente útil. Nada impacta más que dar una vuelta de tuerca a lo que todo el mundo cree que conoce a fondo. Usado inteligentemente, este recurso literario resulta demoledor. Quien lee por primera vez sobre Elric, de Michael Moorcock, puede pensar que se trata de “otro héroe con espada superpoderosa más”. Pero ¿y si la espada no es una Excalibur como otras cien, sino un implacable demonio que se alimenta de las almas de aquellos a los que mata y que crea a su portador una dependencia como la de un drogadicto hacia su droga? Tampoco podemos dejar de mencionar a otro autor genial – ¡aunque en una línea muy distinta a Moorcock! – que ha sabido aprovecharse de los tópicos. Terry Pratchet sabe parodiar todos esos convencionalismos de la literatura fantástica: magos de largas barbas (que se comportan más como burócratas que como hechiceros), bárbaros legendarios con espadas y ropas de cuero (que están ya octogenarios), guardias de la ciudad no particularmente eficaces (que se esconden en los soportales para fumarse un pitillo), y así muchos más. Es como hacer los tópicos tan tópicos que resulten risibles.

 ¿Entiendes ahora? Evita los tópicos hasta que sepas cómo usarlos. Muchos se creen que saben hacerlo, solo para acabar dando personajes y situaciones que parecen hechos en serie junto a dos mil más. A veces es inevitable que se nos escape alguno, pero hay que mantenerlos al mínimo. Y cuando sepas cómo darle la vuelta a un tópico ¡adelante!

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