Consejos de Bardo: WWJD?

No, no nos hemos vuelto locos ni hemos pulsado teclas al azar del portátil. Las siglas “WWJD?” corresponden a la expresión inglesa “What would Jesus do?”, que se traduciría, para los que andéis flojos en la lengua de Tolkien, como “¿Qué haría Jesús (en esta situación)?”.

Y no es que la entrada de hoy tenga connotaciones religiosas. Este dicho es en realidad una técnica habitual entre los escritores experimentados (aunque no se refieran a ella con este nombre), y que es vital para crear personajes coherentes. Muchos escritores noveles cometen el error de hacer que sus personajes actúen de una manera que puede que sea adecuada para el desarrollo de la historia, pero es incongruente con sus personalidades (las de los personajes, claro está), ya sea porque todos los personajes se mueven igual “sobre el escenario” o porque su forma de actuar queda forzada. En definitiva, no hacen lo que harían de estar allí.

“¿Qué haría mi personaje en esta situación?” exige que te pongas en el lugar del héroe o del villano (o del secundario de turno) y le dejes – sí, le dejes – hacer lo que realmente haría. Incluso a costa de tener que cambiar el guión que tenías en tu cabeza. Para ello necesitas conocer bien todas las motivaciones que hay detrás del nombre, lo que a su vez te obliga a crear personalidades lo más complejas y completas que sea posible.

¿Y por qué hemos dicho que des permiso a tus personajes para actuar? Muchos escritores te hablarán de momentos en los que sus creaciones, dentro de su cabeza, han actuado como si tuvieran vida y voluntades propias, con deseos e incluso con ideas que – al menos en una impresión superficial – a ellos no se les habrían ocurrido. Si alguna vez llegas a ese punto, vas por muy buen camino, porque quiere decir que has alcanzado un personaje muy bien definido. En ese caso, si al preguntarte “¿qué haría mi guerrero en esa situación?” la respuesta te sorprende y te fuerza a retocar tu historia aún no escrita, adelante con ello.

Esta herramienta, como tantas otras, puede utilizarse con doble filo. Imagina que tienes un héroe que, a lo largo de muchos capítulos, ha ido formando en la mente del lector un perfil de personalidad ruda y estoica. Llegado un momento en la historia, dicho héroe se enfrenta a una decisión sobre si quedarse a defender hasta la muerte una ciudad que va a ser asediada, o huir de ella antes de que llegue el ejército enemigo. En su cabeza, el lector anticipa una elección heroica, pero de repente se encuentra con que el “valiente” se larga de las murallas como un conejo empavorecido ¿Qué ha pasado? Tendrás al lector haciéndose preguntas, dudando si seguir confiando en el personaje o no, hasta que más adelante descubra que huyendo de la ciudad el héroe preservaba su vida para proteger la de un bebé sobre cuyos hombros descansa el destino del reino. Entonces el lector siente una oleada de alivio y comprensión, y sabe que la decisión, lejos de ser estereotipada y fácil, fue complicada de tomar y obedece a un trasfondo muy trabajado.

Al fin y al cabo, el “¿qué haría en esta situación?” se refiere al personaje que tienes en tu cabeza: el lector no conoce eso, pero quiere conocerlo, a través de la historia que tú estás contando. Métete en la cabeza de tus personajes y haz que estos actúen de modo coherente y realista, y tus relatos ganarán un montón ¡aunque la técnica te dé en ocasiones más trabajo todavía!