Grandes artistas: Alfonso Azpiri

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Lo confesamos: sentimos una debilidad por este dibujante e ilustrador madrileño, y no precisamente por su nacionalidad. Los pinceles de Azpiri han tenido siempre para nosotros un “algo” especial. Aunque es más conocido por su personaje de Lorna y sus cómics de ciencia ficción, Azpiri también ha hecho sus pinitos con la fantasía. “Demon Wind” y “Los burdeles de Ad-Dara” son dos historias imprescindibles para los que os gusten los ambientes de fantasía oriental al estilo de Las Mil y Una Noches. “Los comediantes” merece igualmente ser leída y disfrutada. La pena es que sus cómics suelen ser difíciles de encontrar; conseguir los que os hemos recomendado nos ha costado muchos intentos y paseos por ferias de libros y tiendas de segunda mano.

Pero donde más se ha explayado este artista es en el mundo de la ilustración. ¡Cuántas portadas de viedojuegos de Spectrum hemos saboreado con los ojos! Os dejamos con algunas muestras de sus trabajos relacionados con fantasía medieval, a ver qué os parecen.

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Consejos de Bardo: Acude a la Historia

Todos los que hemos querido escribir algo sobre literatura fantástica (bueno, lo cierto es que todos los que queremos escribir) en algún momento nos hemos quedado sin inspiración. Parece que tenemos muchas ganas de contar algo, o que hay algunas escenas y momentos chulos que queremos describir, pero sigue faltando “algo”. Un buen hilo conductor, un marco interesante y sólido.

Una buena – magnífica en mi opinión – fuente de inspiración es la Historia. Escrita con mayúsculas, nos referimos, por supuesto, a todos esos libros que hablan de lo que ha pasado desde las primeras ciudades mesopotámicas hasta ahora. Aunque no sean literatura fantástica, cuando empiezas a leer algo sobre el tema te das cuenta de que hay situaciones y sucesos bien jugosos, que pueden ser adaptados a ese mundo que tenemos en la cabeza y que queremos convertir en algo sólido, interesante y creíble.

Si, por ejemplo, te gusta escribir sobre intrigas políticas en tus historias épicas (algo similar a lo que sucede en “Juego de Tronos”) ¿por qué no le echas un vistazo a “Yo, Claudio”, de Robert Graves? Creo que jamás se ha descrito de manera más magistral todos los juegos de favores, despechos, maniobras políticas, asesinatos y planes enrevesados en las altas esferas. Si después de leer algo así no tienes ganas de crear una “villana” como Livia, la intrigante esposa de Augusto, o Calígula, el degenerado y enloquecido déspota que acabó acuchillado por sus propios guardaespaldas, háztelo mirar.

Las buenas novelas sobre Alejandro Magno (ahora me viene a la cabeza “El muchacho persa”, de Mary Renault) describen conflictos a gran escala, como la batalla de Gaugamela. Y ya que estamos con el macedonio, investigad un poco sobre cómo tomó el bastión de la Roca Sogdiana, y decidme si algo así no encajaría en una buena historia de literatura fantástica.

En la Historia encontramos también gremios de asesinos que existieron realmente, como la secta de los Ismaelitas de Hassan ibn Sabbah. Aunque obviamente no han existido hechiceros, figuras como Grigori Yefímovich Rasputín se acercan bastante a lo que sería un clérigo fanático o un nigromante (si tenéis ocasión de leer una buena biografía sobre este personaje, no la dejéis pasar). Y ya que hablamos de brujos y nigromantes, indagad un poco sobre la figura de Aleister Crowley y seguro que salís con unas cuantas ideas para un “malo” interesante.

Las películas históricas (bien hechas) son también buena fuente de información. Hace poco tuvimos ocasión de ver “Matar a un rey”, que habla de los convulsos tiempos de Inglaterra en la que los revolucionarios de Oliver Cromwell derrocaron al rey Carlos I. Es un escenario magnífico para historias en las que ninguno de los bandos es trigo limpio, y cómo quitar de en medio a un tirano puede significar poner en el poder a otro aún peor.

Podríamos seguir con ejemplos infinitos sacados de la Historia (los tiempos de las grandes exploraciones de África y Sudamérica, las cruzadas medievales, el soberbio imperio egipcio, los combates navales del siglo XVIII, la expansión del imperio romano, figuras como Napoleón, Lincoln o Lope de Aguirre…) pero creo que cogéis la idea. Sumergirse en los libros de Historia puede no solo documentarnos para presentar mejor nuestros relatos, sino también convertir nuestra mente en terreno fértil para que sigan brotando y creciendo.