Vídeos épicos: Drácula, la leyenda jamás contada

Para esta noche de Halloween os dejamos con un tráiler de la nueva película sobre nuestro vampiro y empalador favorito. Aún no la hemos visto, pero creemos que, aunque no llegue seguramente a la altura del Drácula de Coppola, estará llena de acción y de efectos especiales, o dicho de otro modo, una película para pasar un buen rato con los amigos.

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“El Sueño Negro”, Capítulo VIII

La historia desde el principio

“El titán nigromántico estaba ya casi en aguas del puerto de Essere, alzándose quince metros por encima de los edificios del muelle y los barcos anclados en él. Era aterrador ver cómo los cadáveres que conformaban su cuerpo se retorcían adaptándose a los movimientos de la criatura, unidos entre sí por alguna fuerza desconocida e impía.

– ¿Qué clase de abominación es esa? – preguntó Layen. Su rostro de salamanquesa se volvió hacia Aarón. – Tú eres necromante, Hildegar, es tu especialidad.

– Ni siquiera en mis más negros tomos de hechicería se describe algo así – respondió Aarón.

– ¡No os quedéis ahí quietos! – exclamó Degaal. – ¡Arrojemos a esa monstruosidad de vuelta al mar!

En el puerto, la gente huía presa del pánico, mientras la guardia llegaba a la carrera para intentar hacer frente al coloso. Los alabarderos formaron una fila protectora mientras que los arqueros, en segunda fila, disparaban sus saetas. Pero esa táctica que resultaba eficaz frente a enemigos corrientes, resultaba fútil en esas circunstancias. Las flechas se clavaban en la carne de los cadáveres sin ningún efecto apreciable. Sin emitir un solo sonido, el titán nigromántico hizo pedazos de un puñetazo un velero de tres palos.

El primero en llegar a los muelles, en el momento en que el monstruoso constructo ponía un pie fuera del agua, fue Layen. No perdió un solo segundo: empezó a recitar un conjuro que manipulaba el éter en torno al gigante, de manera que sus movimientos se viesen ralentizados como si estuviera moviéndose en limo espeso. Desde más atrás, Degaal conjuró una esfera de energía dorada en cada mano y las disparó contra la masa de cadáveres, al mismo tiempo que Aarón hacía lo propio con una lanza de sombra chisporroteante. El titán nigromántico retrocedió y uno de los cuerpos se desprendió de su masa, como una astilla arrancada de un árbol. En el momento en que el cadáver impactó contra el suelo, se alzó de nuevo como un zombi reanimado.

– Esto tiene mal aspecto – masculló Aarón a Elatra, cerca de él. – Cada vez que hiramos al engendro, haremos que los muertos que lo conforman se conviertan en un nuevo problema. Hay que pensar otra forma de hacerle frente…

– ¡Olvida las palabras, necromante! – aulló la Alienista. Elatra, enfundada en su ceñida armadura de cuero negro, se lanzó hacia donde el gigante aplastaba en esos momentos a una patrulla de seis guardias, sin que los hechizos protectores de Layen pudieran evitarlo. La Alienista tenía fama de no estar cuerda, y la forma en que se arrojó sobre su enemigo parecía confirmarlo. En mitad del salto, un conjuro que había pronunciado la convirtió en una especie de arpía-demonio de negra piel espinosa, que de inmediato empezó a acosar al titán.

Desde otro flanco, Vanar comenzó a entonar un cántico de poder de sonido tan bajo que hacía vibrar los huesos sin llegar a los oídos. Las piedras bajo el gigante se movieron como dotadas de voluntad propia, y sujetaron los pies del coloso, mientras Degaal lanzaba sobre él otra ráfaga de energía dorada.

El titán nigromántico no daba señales de verse afectado por el ataque conjunto de los archimagos. Nuevos cadáveres animados se desprendían de él con cada nuevo intento, obligando a los soldados y a los hechiceros a lidiar en dos flancos en lugar de uno. Los muertos menores no eran un problema serio para los poderes de los magos de Essere, pero éstos se veían obligados a dividir sus esfuerzos entre proteger a los guardias y encontrar una forma de herir a la abominable creación.

Aarón se disponía a intentar un nuevo sortilegio cuando se le acercó Moriah. La semimuerta interrumpió su concentración y le dijo:

– Tenías razón en lo que le dijiste a Elatra. Así no venceremos. Voy a poner en práctica un encantamiento muy poderoso, pero necesito que me apoyes en él.

Aarón la miró. Esa petición de confianza venía en el peor de los momentos. No tenía forma de saber si Moriah era quien decía ser o si estaba detrás de la aparición del enorme No Muerto, y solo disponía de segundos para tomar una decisión. A su lado, Thog, su familiar, intentó leer en vano la mente de la nigromante, pero eso no significaba nada: Aarón sabía por experiencia que los semimuertos eran inmunes al sondeo psíquico de la mayoría de las criaturas.

El titán nigromántico echó abajo una de las casas del muelle. El polvo y los escombros lo cubrieron todo. En el instante siguiente, sus manos formadas por cadáveres lograron apresar a Elatra y la estrellaron contra un barco, convirtiendo un mástil en astillas.

Jugándose el todo por el todo, Aarón asintió. Tomó las lívidas manos de Moriah, que empezó a recitar una salmodia que el necromante no había oído jamás. Una vez más, se preguntó por el alcance del poder de Moriah de Dargester.

Al principio no sucedió nada. Mas pronto Aarón comenzó a notar cómo afluían energías de otros planos, condensándose en torno a ellos. Moriah cogió parte de las fuerzas de Aarón para darles forma y lanzarlas contra la imponente figura del coloso, que se vio rodeado de un aura de negrura brillante. El cántico de la semimuerta se hizo más potente. El hechicero gritó cuando el conjuro de Moriah absorbió sus propias energías para fortalecer el ataque, y el mundo se convirtió en una sombra difusa más allá del dolor. se arrepintió con cada fibra de su ser de haber confiado en Moriah, pero ya era demasiado tarde. La semimuerta podía terminar de drenar cada brizna de su fuerza vital, y él estaba impotente.

Cuando estaba a punto de perder la consciencia del todo, vio cómo el aura en torno al monstruo se intensificaba, y en una enceguecedora onda de implosión, el coloso se sacudió. Un segundo después, los centenares de cuerpos que lo formaban se desmoronaron sobre el pavimento del puerto, completamente inertes.

Los presentes contemplaron atónitos lo que había sucedido, temiendo quizás que un nuevo horror se levantase en su lugar. Incluso los zombis que habían surgido de su cuerpo se habían derrumbado como si la magia que los animaba se hubiese desecho. Mientras todos se preguntaban qué había sucedido, Moriah arrastró al semiinconsciente Aarón a una calleja cercana, fuera de la vista del resto, y acompañada por el gato negro. Curiosamente, Thog, aunque receloso, no parecía extrañarse de la actitud de la semimuerta. Aarón incluso notaba cómo su familiar intentaba hacerle llegar algo a su cerebro, pero sus palabras sonaban demasiado lejanas y confusas.

Poco a poco, el hechicero recuperaba parte de sus fuerzas. Aún estaba demasiado débil para sostenerse en pie, así que la nigromante lo depositó sobre unas viejas cajas de madera apiladas en un rincón. El hechicero se sentó, encorvado, frotándose las sienes y los ojos y luchando por concentrarse en lo que le rodeaba.

– No sé qué habéis hecho, Moriah, pero…

Aarón se calló de repente. No era la lívida maga la que estaba frente a él, sino otro ser, una criatura desconcertante, de piel amarillenta y rasgos ocultos tras un ropaje cárdeno del estilo de los nómadas del desierto, que lo miraba fijamente con sus ojos carentes de iris y pupila.”

El Rincón del Escriba

Ya casi tenemos encima Halloween, así que ¿por qué no leer una buena historia de vampiros? Eso sí, al más puro estilo Warhammer. No esperéis encontrar siniestros seductores intrigando en un ambiente victoriano, y sí muchos, muchísimos muertos vivientes. Ejércitos de ellos, literalmente. Aquellos que juguéis a Warhammer reconoceréis a muchos personajes de la novela, pero aún así encontraréis unas cuantas sorpresas…

 

 

“Herencia” es el primer libro de la “Trilogía Von Carstein”, una tenebrosa saga en la que los condes vampiro de la fúnebre región de Sylvania son los protagonistas. En este primer libro descubriréis el origen del barón Vlad Von Carstein y su esposa Isabella, así como el misterioso poder que impide que sea destruido incluso por los medios que resultan mortales para un vampiro. También seréis testigos del destino que aguarda a todos los que se oponen al poder de los señores de la noche…

 

Retoques roleros

Os dejamos hoy con unas cuantas reglas opcionales caseras para No Muertos que solíamos utilizar en nuestras historias y partidas. Sois libres de utilizarlas en las vuestras si os gustan…

 

Reglas de la No Muerte

Aura sacrílega: la propia esencia de los No Muertos es una blasfemia para la vida, y eso se refleja incluso en su mismo toque. Allí donde un esqueleto o un zombi pisa, la hierba se ennegrece y se marchita, y los animales se comportan de forma nerviosa y asustadiza. Esta aura es más intensa y con más alcance cuanto más poderoso sea el No Muerto. Los personajes avisados pueden observar estas señales como pistas de la cercanía de muertos vivientes. Un personaje que se enfrente a estas criaturas sobre una montura debe pasar una tirada de Cabalgar para poder controlarla, tener oportunidad de atacar y no ser desmontado. Además, la visión de los efectos del paso de los No Muertos por un lugar antiguamente fértil y verde puede ser causa de penalizadores a la moral.

Miedo: todos los muertos vivientes provocan miedo, pues su presencia antinatural turba a cualquier ser vivo. Los aventureros curtidos pueden sobreponerse fácilmente (al menos con los muertos vivientes menores), pero lo normal es que las gentes más comunes se estremezcan ante la visión de un cadáver animado. Los personajes (jugadores o no) con una TS de Voluntad de +2 o menos, están obligados a pasar una TS con CD10 o quedar aturdidos por el miedo. Una vez que se tenga éxito, ese individuo está libre de los efectos del miedo por ese tipo de No Muertos permanentemente. Esta regla se aplica además de cualqier otro efecto de miedo descrito en las reglas habituales.

Sin vida: los muertos vivientes menores, como esqueletos y zombis, no tienen Puntos de Vida. En su lugar, es necesario asestar un golpe que les cause una mínima cantidad de puntos de daño para destruirlos. Esta regla refleja el hecho de que los cortes y golpes menores no debilitan para nada a una osamenta o un cadáver como lo harían con un ser vivo normal. La cantidad para cada No Muerto puede variar a discreción del DM, pero como orientación, la mitad de los Puntos de Vida habituales puede ser una buena idea.