Vídeos Épicos: Tráiler Oficial de “La Batalla de los Cinco Ejércitos”

¡Por fin! Ya está aquí un adelanto de la tercera y esperada última parte de “El Hobbit”, en la que se promete poner toda la carne en el asador. Los que nos hemos leído el libro sabemos ya algo de lo que queda por suceder, aunque aún así seguirá siendo una sorpresa la magnificencia con la que Peter Jackson nos lo muestre a nuestros ansiosos ojillos. ¡Disfrutadlo!

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Consejos de Bardo: El recurso del “novato”

Con el título de esta entrada no nos estamos refiriendo a un truco que se recomiende a los escritores con poca experiencia (aunque sí es algo que si quieren pueden aprovechar). No, lo que aquí llamamos el recurso del “novato” no es más que una forma de conseguir que el lector entre en un ambiente ideado por el escritor y comprenda el mundo que ha creado éste desde una perspectiva verosímil. Y por supuesto, no es algo solo para noveles. Todos los ejemplos que pondremos en esta entrada son de autores consagrados y considerados por muchos como auténticos maestros.

Veamos cuál es el problema, y cómo el recurso del “novato” nos ayuda a superarlo. Supongamos que en tus historias creas un mundo de fantasía o de ciencia ficción totalmente nuevo. Éste puede tener similitudes con nuestro mundo real, pero qué duda cabe que querrás añadir tu toque personal: quizás en él exista la magia con unas reglas particulares, o esté poblado por criaturas totalmente desconcertantes, tenga un nivel tecnológico muy avanzado o una geografía realmente extraña. Para ti, que has imaginado todo eso en tu cabeza, que has trabajado sobre ello, que has eliminado unas ideas y pulido otras, el esquema está perfectamente montado en tu cabeza. Pero ¿qué sucede cuando un lector se topa de nuevas con toda una realidad distinta a la que está acostumbrado? Si las diferencias son sutiles quizás no haya problema, pero si tiene que sumergirse en un universo lleno de razas fantásticas o alienígenas con nombres impronunciables y en el que todo el mundo actúa con naturalidad pero él no entiende absolutamente nada, lo más probable es que se frustre y deje a un lado la lectura.

Para ayudar al lector, un recurso muy útil es valerse de uno de los personajes (habitualmente el protagonista) el cual es tan novato en ese mundo extraño como el propio lector. Dicho de otra manera, quien lee la historia se siente menos “pardillo”, porque hay alguien más que, como él, no se está enterando de nada. El lector descubre el mundo a través del “novato”, y en esa identificación, van creciendo juntos. Para cuando la historia llega a su final, ambos se han convertido en expertos, y de manera natural. Y creedlo: pocas cosas crean una identificación lector-personaje como el compartir el sentimiento de sentirse fuera de lugar porque se encuentran rodeados de cosas que no entienden. Es un impulso instintivo y primario, que nos lleva a juntarnos con semejantes cuando nos enfrentamos a lo desconocido.

Veamos algunos ejemplos. En sus novelas de John Carter de Marte, Edgar Rice Burroughs (el autor de Tarzán), hace viajar a un soldado de la Guerra de Secesión Norteamericana al mismísimo planeta Marte, poblado por razas desconocidas y con un nivel tecnológico que le supera en mucho. Para nosotros, los prodigios de Marte (o Barsoom, en la novela) son tan desconcertantes como para Carter.

Pero tampoco hace falta que el protagonista se vea trasladado a mundos extraterrestres o realidades paralelas. En “El Hobbit”, Bilbo Bolsón es también un “novato”, porque nunca ha viajado más allá de su pacífica y cotidiana Comarca. Como nosotros, nunca ha visto un troll, un elfo o un dragón. Es un tipo normal al que lo arrancan de su mundo normal, y junto a él, Tolkien nos arrastra a nosotros. En “La isla del tesoro”, aprendemos cómo es la vida en alta mar a través de Jim Hawkins, que comienza la historia como un mozo de taberna y la termina como un auténtico marinero. Seguro que si piensas en otras historias que conozcas encuentras más ejemplos de este tipo.

Dos advertencias para usar correctamente este recurso. La primera, no abuses de las explicaciones. Es cierto que el novato debe ir descubriendo las novedades del mundo y las reglas que lo rigen, pero la historia no avanzará si inundas el texto con exposiciones académicas sobre cada detalle que el novato descubre. Imagina que tu protagonista viaja a una realidad paralela, descubre que las personas allí pueden invocar hechizos y acto seguido añades una disertación pormenorizada de cómo es la magia en ese mundo. Una página después, se topa con una criatura fantástica, que requiere una nueva parrafada… Al llegar a la sexta página, el lector tendrá la impresión de estar leyendo una enciclopedia, no una novela. Los descubrimientos deben hacerse de manera gradual y verosímil, y no todo tiene que quedar explicado en el momento.El lector puede (y a menudo es algo que lo engancha) ver algo extraño para lo cual todavía no tiene la solución y sabe que comprenderá más adelante; lo que no perdona es un tratado completo de anatomía y fisiología extraterrestre cada vez que el héroe se topa con un alienígena distinto.

Lo segundo y más importante: “novato” no es sinónimo de “tonto”. Nadie va a sentirse identificado con un personaje corto de luces. El novato simplemente está desubicado al principio, pero es un individuo con recursos, capaz de aprender, y aprende. No puedes tener al personaje permanentemente como si fuera el único que no coge los chistes. Debe haber una evolución, paralela al ritmo en el que el lector descubre el mundo, y al final debe encontrarse perfectamente adaptado a él. De forma sutil, habrás logrado que el lector, en el mundo que has creado, se encuentre como en casa.

El Rincón del Escriba

Siendo las fechas que son, no podríamos recomendar otro libro. Muchos lo habríais leído ya antes del estreno de la primera película; otros, habréis sido cogidos por el anzuelo del viejo Tolkien tras verla. Ahora que se aproxima el estreno de la segunda parte “El Hobbit: La Desolación de Smaug” tenéis otra oportunidad para probar el libro.

El Hobbit Portada

¿Qué es mejor? ¿El libro o la película? Es una polémica vieja sobre la que ya se ha dicho todo lo que tenga que decirse, y nada de lo que se diga se puede generalizar. He visto películas que complementan muy bien al libro y son adaptaciones geniales (me viene a la cabeza “El nombre de la Rosa”) y otras que es mejor ni mencionar. Personalmente, prefiero siempre leer primero el libro y luego ver la película, y después juzgar con criterio (siempre personal).

En cuanto a “El Hobbit”, lo he leído ya tantas veces que no recuerdo cuántas. La primera vez con diez u once años, y la sensación de aventura, lo original de los “héroes” (¡trece enanos, un granjero y un mago!) y el que no faltaran todo tipo de monstruos fantásticos (trolls, trasgos, dragones… y no decimos más para no destripar) me atrapó desde el principio. Pero visto con ojos más adultos, “El Hobbit” es eso y mucho más. Como siempre, Tolkien escribe sobre un mundo que parece que existe realmente allí fuera, en alguna parte, y toda la novela es una preparación para la gran traca posterior que es la trilogía de “El Señor de los Anillos”.

Si aún no os lo habéis leído, no esperéis más. Lo devoraréis de un tirón y os dejará con ganas de más.

Consejos de Bardo: Los Escenarios

Algunos escritores (y no siempre noveles) cometen el error de pensar que como los relatos no son un medio “visual” de contar una historia, no importa si se descuida el decorado. Craso error. La idea que nos ha nacido en la cabeza, sobre la que nos hemos estado documentando y que queremos llevar a palabras, debe ocurrir en algún lugar, y si conseguimos que éste sea un sitio vivo y creíble, nuestra historia ganará muchos puntos.

Trabaja los escenarios con tanto mimo y detalle como lo harías con el protagonista de la historia (ya llegaremos a eso). Cuando tus personajes viajen por una región desconocida, haz que no sea un “bosque genérico” o “una montaña genérica”, sin personalidad. Los bosques tienen claros, cañadas, árboles centenarios, cerros y lomas, prados, plantas exóticas, animales que se asustan ante la presencia de viajeros o huellas entre la hojarasca. Las montañas tienen quebradas, cañones, precipicios, arbustos bajos y espinosos, neveros, pedrizas, glaciares, cabras monteses a lo lejos y nieblas matutinas o vespertinas. Como con tantas otras cosas, puedes ayudarte documentándote con fotos de lugares reales que se asemejen a lo que tienes en mente (o incluso situar la acción en esos paisajes del mundo real). Saca fotos de sitios que visites y te llamen la atención: todo buen escritor tiene un archivo de material fotográfico.

Por supuesto, no tienes que limitarte a parajes “ordinarios”, sobre todo en el género en el que nos estamos moviendo. Si quieres un escenario fantástico, no te limites a convenciones habituales (decir que es “una casa encantada” y poco más no basta). Da detalles que lo distingan de todo lo demás. La Ciénaga de los Muertos de Tolkien, en “El Señor de los Anillos”, fue un antiguo campo de batalla donde todavía vagan las almas sin descanso, intentando atraer a los incautos hacia sus profundidades. En “La Historia Interminable”, de Michael Ende, se describe la Mina de Yor, un lugar donde yacen enterrados todos los sueños olvidados por los hombres. En resumen: ofrece algo especial al lector. No importa si recurres a ideas tradicionales (al fin y al cabo, a un montón de personas nos siguen gustando las historias de casas encantadas) pero siempre con tu propio giro de tuerca.

Un escenario tiene que ser un personaje más de la narración. El lector debe sentir que “está ahí” y que la historia habría sido distinta si el decorado hubiese sido otro. Si consigues que tus escenarios sean únicos e interesantes, tus relatos también lo serán.

 

Grandes Artistas: Angus McBride

Hoy vamos a inaugurar una nueva sección dedicada a los ilustradores que nos han mostrado de manera magistral su visión de la fantasía épica. En su momento, ya os mencionamos al inigualable Frank Frazetta, a quien dedicaremos una entrada propia en su momento. Pero el honor de comenzar esta galería de maestros hemos querido dedicárselo a Angus McBride, un ilustrador inglés cuyas temáticas preferidas fueron la obra de Tolkien y la historia militar antigua.

Angus McBride nos dejó en 2007, a los 76 años de edad, pero sobrevive en la maestría de cada una de sus pinturas, en las que siempre supo captar el momento clave. Aquí os dejamos algunas muestras, pero os animamos a que buceéis un poco por la red en busca de más ilustraciones suyas.

Vídeos épicos: Trailer oficial de “El Hobbit”

Todos lo estamos esperando con ganas, y muchas. Necesitamos volver a aquellos días en los que Peter Jackson nos tenía pendientes de un hilo y contando cada minuto antes de ver sus magistrales adaptaciones de la obra de Tolkien. Va a ser como encontrarse con viejos amigos. Hasta que llegue, aquí os dejo con el tráiler oficial de “El Hobbit”.

 

Cada día queda un poco menos hasta diciembre. Mientras tanto, ¡disfrutadlo!