Vídeos épicos: Wrath of the Lich King

Otra magnífico tráiler de los chicos de Blizzard Entertainment, con momentos que no tienen desperdicio ¡Disfrutadlo!

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Consejos de Bardo

¿No te han entrado nunca ganas de escribir tus propias historias? Al ver una película sensacional, al terminar un libro que desearías que continuara, después de oír un tema de música especialmente inspirador, tras encontrarnos una ilustración de alguno de los mejores dibujantes… Hay momentos en los que parece que nos toca una musa y querríamos ser capaces de crear algo como lo que acabamos de mirar o escuchar, pero, o bien no sabemos por dónde empezar o bien creemos que no seremos capaces de tanto.

Desde Crónicas de Edhalan queremos ayudaros para que todas esas ideas salgan a flote. Por eso hemos inaugurado esta sección, en la que, lejos de considerarnos maestros impartiendo su sabiduría, compartiremos las pautas y pequeñas directrices que seguimos a la hora de escribir nuestras gestas épicas. Estamos seguros de que, una vez que le cojáis el ritmo, acabaréis aportando vuestros propios consejos.

El consejo con el que os dejaremos hoy es que nunca penséis que lo que vayáis a crear no valdrá la pena. Temblamos al pensar qué habría pasado si Homero o Tolkien se hubiesen dicho a sí mismos semejante barbaridad. Es cierto que no nos tiene por qué salir una brillante trilogía a la primera; tampoco podemos esperar que lo que escribamos entusiasme a todo el mundo, pero lo principal es que nosotros nos sintamos satisfechos con nuestra obra. Para esto, como para todo en la vida, nunca hay que menospreciarse.

Escribir tus propios relatos es una tarea muy gratificante, estimula la imaginación, mejora nuestro uso del lenguaje, pero sobre todo ¡es increíblemente divertido! Es como crear tu propia película, con los actores que tú quieras y el guión que más te guste. Si sigues con nosotros, te iremos guiando en esta tarea que a lo mejor al principio te parece difícil, pero luego se convertirá en un sano y emocionante pasatiempo.

 

“El Ojo del Dragón” Capítulo IV

La historia desde el principio

“Todo el cuerpo y los instintos de Thiovel reaccionaron inmediatamente ante la voz de alarma. Incluso su mano fue a la vaina de su arma, en esos momentos vacía, mientras su mirada se dirigía al cielo nocturno, donde una gran sombra alada se aproximaba más y más al campamento.

La sangre se le heló en las venas. Ya a esa distancia se podía distinguir que era un ejemplar joven de dragón de las montañas, pero aún sin ser todo lo grande y poderoso que su especie podía llegar a ser, era más que suficiente para hacer pedazos la caravana. Thiovel se olvidó de inmediato de Áldevar y el extraño hechicero metamorfo, cogió su espada y empezó a dar voces despertando a todos y azuzando a los soldados para aprestarlos a la batalla.

El dragón estaba ya lo bastante cerca como para oír el aleteo de sus enormes alas. Los caballos relinchaban aterrados, luchando por soltarse de sus correas, mientras algunos hombres intentaban sujetarlos. Por todos lados la gente corría buscando ponerse a salvo, mientras la guerrera impartía órdenes, pensando a toda prisa cómo hacer frente a un enemigo así.

Pabost asomó por la puerta de su carromato, desconcertado por el alboroto:

– ¿Qué ocurre, por todos los dioses? ¿Qué está…?

La respuesta le llegó en forma de un pavoroso rugido, lanzado por el reptil segundos antes de tomar tierra entre los árboles que rodeaban el claro. La tierra tembló bajo su peso, y varias coníferas quedaron tronchadas cuando el dragón se revolvió. El caos se acrecentó, al tiempo que Thiovel ordenaba a los arqueros hacer fuego. Los arcos zumbaron y varias flechas volaron hacia el dragón, sin penetrar en su armadura escamosa.

– ¡¡A los ojos!! – bramaba Thiovel – ¡¡Apuntad a los ojos!!

El dragón rugió, sus fauces se abrieron y vomitaron un infierno de fuego sobre uno de los carros, tras los cuales se parapetaban algunos de los arqueros. Varios de ellos aullaron y rodaron envueltos en llamas. El carro incendiado iluminó la noche, mientras Pabost intentaba pronunciar un hechizo para sofocarlo.

Varios soldados se atrevieron a acercarse a la bestia e intentaron hundir sus alabardas entre las escamas, al tiempo que los arqueros que quedaban en pie continuaban disparando a la cabeza. El arco de Thiovel vibraba una y otra vez, moviéndose constantemente para esquivar las arremetidas de la musculosa cola y ofrecer un blanco difícil. El dragón embistió entrando en el claro y aplastando bajo sus zarpas a otros dos soldados. Su acometida volcó un carromato y terminó por espantar a los caballos. Con un mordisco de su escamoso hocico segó la vida de otro de los componentes de la caravana.

Pabost consiguió finalmente extinguir el fuego, pero era una victoria insignificante. A pesar de sus modales opulentos y acomodados, Pabost era un mago poderoso, y comenzó un nuevo encantamiento destinado a encerrar al dragón en una prisión de tierra. Sin embargo, la bestia adivinó sus intenciones, y antes de que el hechicero terminase su invocación, de la garganta del dragón brotó una única nota  mística, similar a  una gigantesca campanada, que anuló la magia que Pabost intentaba convocar. Dispuesto a neutralizar aquella nueva amenaza, el reptil exhaló una segunda bocanada de fuego rugiente en dirección al aturdido mago.

Pero las llamas no llegaron a tocarlo. Una barrera invisible frenó el aliento del dragón, y desvió el chorro de fuego en todas direcciones. Pabost abrió los ojos, sorprendido de seguir vivo, pero aún más perplejo ante la visión de otra figura con una túnica ocre y rostro casi desfigurado, que le devolvió una mirada burlona antes de desaparecer en las sombras y el caos del campamento.

Mientras, Áldevar había terminado de conducir a todos los miembros de la caravana a la relativa seguridad del bosque, y regresaba al escenario de la lucha, donde la gigantesca criatura sembraba la destrucción y continuaba cobrándose vidas con cada arremetida de sus garras y colmillos. Valientemente, los soldados persistían en alancear al dragón, pero éste no ofrecía ningún flanco vulnerable, y cada vez quedaban menos hombres en pie. Thiovel parecía estar en todas partes al mismo tiempo. Se daba cuenta de que su carcaj estaba casi vacío, y se le estaban agotando las oportunidades de herir al dragón en un punto vital. Jugándose el todo por el todo, corrió hasta situarse frente a las fauces del dragón, y en el momento en que el reptil volvió a abrir la boca, disparó una flecha que se clavó en el blando paladar, hundiéndose hasta el ástil. El rugido del dragón fue ensordecedor, y con un golpe de su cola hizo volar por los aires los restos del carromato incendiado. Los hombres retrocedieron para evitar que la bestia los arrollara, pero Thiovel se acercó aún más, moviéndose con rapidez para evitar un golpe de la musculosa ala derecha, y esperó con sangre fría hasta que tuvo un blanco fácil, y una segunda flecha penetró por el ojo y alcanzó el cerebro.

El dragón bramó y aulló, y un torrente de fuego brotó de su garganta llenando la noche de una tormenta de llamas. En uno de sus espasmos de agonía, el cuello del dragón golpeó a Thiovel y la lanzó varios metros atrás, hasta que la guerrera chocó contra el tronco de un árbol. El lugar se convirtió en un infierno. El leviatán herido era un huracán de músculos y garras que arrasaba todo lo que estaba a su alcance, pero no terminaba de morir. Varios hombres más fueron alcanzados y aplastados antes de poder ponerse a salvo. Áldevar entró en el claro y, con una agilidad sobrehumana, esquivó las enloquecidas arremetidas del dragón. Cogiendo una lanza del suelo, se colocó bajo el vientre de la bestia y empaló al dragón con todas sus fuerzas, enterrando el arma casi por completo en las escamas y la carne, e hiriendo de muerte a la criatura.

Hubo un momento de silencio cuando el aliento del dragón y sus rugidos se cortaron en seco con un estertor ahogado, y luego su enorme mole se desplomó, inerte, en el centro del campamento devastado.”

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Mis Dibujos: The Dezdiler

Hoy os traemos un dibujete en plan cómico, un simpático homenaje al genial ilustrador que fue Frank Frazetta. Para los que no pilléis la broma, el dibujo parodia un cuadro muy famoso titulado “The Deathdealer”, que podéis ver en el vídeo “Tributo a Frank Frazetta” en este mismo blog.

 

También podéis encontrar este dibujo en nuestro blog Territorio Apátrida.

Echad un vistazo ¡a lo mejor encontráis otras cosas interesantes!