El Rincón del Escriba

Stephen King no es un autor que se haya ganado la fama dentro de la fantasía épica y medieval, pero entre sus obras hay una poco conocida que es una auténtica delicia para los amantes del género. Nos estamos refiriendo a “Los Ojos del Dragón”.

 

 

En esta novela encontraremos a Roland, un rey viejo vestigio de épocas más gloriosas, y sus dos hijos: Peter y Thomas, el primero de los cuales es condenado de por vida a permanecer en prisión por un crimen que no ha cometido. Y, sobre todo, encontraremos a Flagg, el mago del reino y uno de los mejores y más oscuros villanos que pueden encontrarse en las páginas de un libro. No podéis perderos algo así.

 

 

 

Vídeos épicos: The 7th Voyage of Sinbad

Hoy os ofrecemos el trailer de una antigua película de acción, fantasía y aventuras, una más de las muchas con las que el maestro Ray Harryhausen alimentó la imaginación de tantos de nosotros. En castellano se tradujo como “Sinbad y la princesa”, y como corresponde a su estilo, ofrecía más monstruos, criaturas mitológicas, magia y acción por metro cuadrado que cualquier otra.

 

 

Si os gusta este vídeo, os animamos a que echéis también un ojo, en este mismo blog, al trailer de “Jasón y los Argonautas” ¡Otra obra maestra del cine de aventuras!

“El Sueño Negro”, Capítulo III

La historia desde el principio

“Thiovel miró extrañada al mago de túnica negra. Se preguntaba cómo había podido adivinar sus preocupaciones y el hecho de que, tan solo unos minutos antes, estaba dudando si hablar de ellas con él. Se encontró mirando de reojo una vez más al gato negro, como si él fuese el responsable de que sus pensamientos hubieran sido leídos. Quizás era así.

– No sé si es oportuno añadir mis problemas a los vuestros, maese Hildegar – dijo la guerrera.

– Capitana Thiovel – contestó el mago con una sonrisa amarga – tenemos ahora mismo tantos problemas que no me extrañaría que el vuestro coincidiera con alguno de ellos. Hablad con confianza.

Thiovel pensó en cómo podía sacar el tema. ¿Hasta qué punto podía confiar en el hechicero de túnica negra? ¿Y qué relación podía tener con el mago que participó en el robo del Ojo del Dragón?

– De camino a Essere nos topamos con uno de los vuestros. Quizá lo conozcáis. Se hacía llamar Atherion.

En el gesto de Aarón supo que el nombre no le era extraño. El mago frunció el ceño. No dijo nada; antes bien, con un ademán la invitó a que siguiera hablando.

– Pabost llevaba en su carromato un objeto mágico de su propiedad. Atherion lo… robó. Con ayuda de un monje de nombre Áldevar.

– ¿Qué objeto era ese?

– El Ojo del Dragón. El monje aseguraba que necesitaban imperiosamente la reliquia para hacer frente a un mal de naturaleza inimaginable. Cuando Pabost se negó a vendérselo, Atherion lo robó en el caos provocado por el ataque del dragón.

– El Ojo del Dragón… – dijo Aarón, mesándose la barba – Un objeto notable, sin duda. No me extraña que Pabost no quisiera desprenderse de él a la ligera. Fue creado a partir del globo ocular de una colosal sierpe milenaria que actuaba como oráculo en una cueva de las Montañas de la Niebla. Poseía poderes de videncia, a pesar de su ceguera, y a su muerte los sacerdotes que la atendían embalsamaron su ojo izquierdo y lo rodearon de encantamientos protectores y preservadores que lo convirtieron en el artefacto que a lo mejor habéis tenido ocasión de ver. – Suspiró. – Y que nos vendría muy bien en nuestra situación actual.

– Si conocéis a ese Atherion, quizás podáis convencerlo para que comparta con vuestro Consejo los poderes del Ojo, y lo devuelva después a su legítimo dueño – puntualizó la guerrera.

– Capitana, dudo mucho que algo así fuese factible. Veréis, Pabost nunca se encontró en persona con Atherion, porque fue expulsado de la Sala Zafiro antes de que vuestro patrón entrara a formar parte del Consejo. Y eso fue porque Atherion no es… mentalmente estable. Ha moldeado su carne y su espíritu tantas veces que ha acabado por perder la cohesión de sus pensamientos y sus recuerdos. Su conciencia es caótica, y tan pronto puede actuar de la más noble de las maneras como caer en la más depravada maldad por motivos incomprensibles. Su único dios es el cambio sin sentido, encarnado en una pléyade de entidades demasiado parecidas a los demonios que habitan el Vórtice Gris. Puede que sus motivos respecto al Ojo sean ciertos, pero Atherion no es alguien a quien confiaría mi vida, capitana, y el hecho de que pueda variar su aspecto a su antojo no contribuye a mitigar esa desconfianza.

Las palabras de Aarón no tranquilizaron el ánimo de la mujer. Ya se sentía lo bastante culpable por haber dejado que se llevaran el Ojo del Dragón impunemente. Ahora sabía que uno de los que lo había robado era un mago demente. El discurso de Áldevar había convencido a una parte de ella, pero ¿cómo encajaba eso en el esquema de las cosas? ¿Por qué alguien como el monje viajaba en semejante compañía?

– Habéis sido de gran ayuda, maese Hildegar. Os agradezco el tiempo que me habéis concedido.

– ¿Tenéis pensado buscar el objeto robado?

– No veo cómo. Podría tener a ese hechicero delante de mis narices y no saberlo. Pero de todas formas, estaré atenta.

Aarón Hildegar asintió. Thiovel miró una última vez al gato, que le devolvió la mirada con sus dos globos amarillos, y después de un último saludo, abandonó la habitación.”